Te ví en una fotografía.
¿Cuántos árboles hacen falta para devolverme todo el oxígeno que exhalo cuando estoy a punto de verte? Hemos quedado en una plaza y me escribes que estás llegando. Mis ojos comienzan a escrutar lo que me rodea. Las cientos de personas que caminan con sus rumbos propios se transforman en figuras grises, porque no son tú. Y entonces te veo. Entre todas ellas te veo caminando con el móvil en la mano, con nuestra conversación abierta. Pienso entonces la suerte que tengo de que tu atención esté puesta en mí en ese momento. Podrías ser una más en mi vida, pero te precede un punto y a parte. Eres el inicio del párrafo y contigo llegan aires nuevos. Supongo que si te lo dijera sentirías una presión enorme porque tienes miedo de decepcionar, de no estar a la altura...tienes miedo de tener miedo. Y no pasa nada, lo entiendo. Como también entiendo mi desproporcionado sentir hacia tu persona. O quizás no lo entienda, simplemente lo valido. Para analizar nuestras emociones debemos transitar...